Tan solo un sordido de tantos, empeñado en una continua lucha por encontrar sentido a las vicisitudes de la vida, tales como lidiar con curros extraños, dar consejos que para el no tiene, el dolor de enamorarse de dos mujeres a un tiempo, la insoportable necesidad de soportar la ignorancia (valga la rebuznancia), ser testigo de los gustos horribles de los demas o cultivar ese arte tan esquivo conocido como diplomacia,  por poner casos muy comunes y aburridamente cotidianos.

Podrian ser mis casos, o no serlo, quiza sean tuyos, la sordidez llama a tu orto.